– Repercusiones en el suministro mundial de alimentos
La degradación del suelo, es decir, el deterioro y la pérdida de suelos fértiles, tiene graves repercusiones:
- Menos tierra cultivable: en la actualidad, alrededor de un tercio de los suelos agrícolas del mundo están degradados, lo que significa que producen menos o nada. Especialmente en las regiones con clima seco, los suelos fértiles son cada vez más escasos.
- Disminución de los rendimientos: cuando los suelos pierden sus nutrientes, se erosionan o se vuelven inservibles por la sal, apenas crecen cultivos en ellos. El resultado son cosechas más escasas y mayores costes de producción, ya que los agricultores tienen que utilizar más fertilizantes y agua para compensar las pérdidas, hasta que finalmente tienen que abandonar el suelo por completo porque ya no crece nada en él.
- Mayor riesgo de hambruna: en la actualidad, 1500 millones de personas en todo el mundo se ven directamente afectadas por la degradación del suelo. En los países más pobres, donde mucha gente vive de la agricultura, la pérdida de suelo fértil puede destruir su único medio de subsistencia. Esto aumenta la pobreza y el hambre y obliga a las personas a recurrir a otros usos perjudiciales, lo que crea un círculo vicioso.
- Creciente competencia por la tierra: cuanto menos suelo fértil hay disponible, más compiten los agricultores, ganaderos y otros usuarios por las superficies restantes. Esto puede provocar conflictos y agravar la situación social.
- Dimensión global: la demanda de alimentos aumenta constantemente debido al crecimiento demográfico. Sin embargo, cada año se pierden alrededor de diez millones de hectáreas de tierra cultivable, lo que equivale aproximadamente a un tercio de la superficie de Alemania. Al mismo tiempo, la población mundial crecerá hasta alcanzar casi los 10 000 millones de personas en 2050, lo que aumentará aún más la presión sobre la agricultura. Actualmente, la agricultura compensa esta pérdida de superficie mediante la deforestación de bosques primarios fértiles, pero esto tiene graves consecuencias.
- Consecuencias a largo plazo: aunque hoy en día se producen suficientes alimentos, en el futuro será cada vez más difícil alimentar a toda la población si no se detiene la degradación del suelo. Los países del Sur Global se ven especialmente afectados, pero los riesgos de pérdidas de cosechas y fluctuaciones de precios también aumentan en todo el mundo.
En resumen:
La degradación del suelo reduce la cantidad y la calidad de las tierras cultivables disponibles, provoca una disminución de las cosechas y aumenta el riesgo de crisis alimentarias en todo el mundo. Por lo tanto, amenaza directamente la seguridad alimentaria de millones de personas, y el problema se agrava cada año. Es hora de que cambiemos a una agricultura regenerativa sostenible.
Autor: Francesco del Orbe 🌍
